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Archive for the ‘Obra Social’ Category

La lista

Justo cuando ya estaba todo listo o casi listo. Ultimaba los pequeños detalles que siempre entretienen a cualquier hacedor -sobre todo a cualquier hacedor tan acosado por las dudas-: hacer correctamente el nudo de la soga, buscar la silla perfecta, probar la sujeción del falso techo… La nevera, ya vacía para que no se echara nada a perder; el diferencial, bajado -menuda factura si no-; las cartas de despedida -que más parecían una hoja de reclamaciones-, ya perfumadas; etecé. Pero fue ahí, en ese preciso momento, cuando, subido a esa silla de mimbre grapado, tuve la revelación. Lo inexorable se tornó eludible. ¿Por qué tenía que ser yo el que se fuera? ¡Si todavía no había cumplido la misión para la que había sido enviado! ¡No me había acostado con Mónica Bellucci! ¡Que desaparezcan ellos! Exijo, pues, adaptar el Mundo. Homologarlo. Hacerlo mínimamente ergonómico a mí. Y es que existen conceptos, colectivos, animales, vegetales, bivalvos y objetos materiales que hacen insostenible mi permanencia en la Tierra. Entonces he decidido hacer una lista con aquéllos que deben desaparecer como condición innegociable para que me quede:

  • Los despertadores
  • Dan Brown
  • La Cosmopolitan
  • Sexo en Nueva York
  • La palabras “gonorrea”, “ovolactovegetariano”, “regurgitar”, “almogrote”, “otorrino”, “endocrino”, “uretra”, “escrutinio” y “diurético”. Así como la expresión “a priori” y sus atroces degeneraciones como “a anteriori”.  Se sobreentiende ya que deben desaparecer también las palabras estúpidas como “piscolabis”, “culete”, “pompis” o “pedigrí”, así que no me detendré en esto.
  • Las interjecciones “¡eh!”, “¿eh?”, “¿eing?”, “¡buah!” y “pff”
  • El aceite de girasol.
  • Los sacerdotes.
  • Los claxon, las sirenas y las campanas.
  • El himno de la Universidad de Vigo.
  • Las chirlas.
  • Las palomas.
  • Las berenjenas.
  • Todos los insectos menos las mariquitas, las mariposas de colores, las abejas y el ciervo volante.
  • El denominado “rap gangsta”, que ni es rap ni es gangsta y aleja a todo el hip hop del concepto de arte.
  • Los pantalones de pitillo.
  • Los pantalones pirata.
  • La astrología.
  • Las toreritas.
  • Las merceditas/bailarinas.
  • Los tangas.
  • La ropa interior color “visón”.
  • Los desconocidos que te piden la hora/tabaco/dinero por la calle.
  • Los desconocidos que reparten publicidad por la calle.
  • Cualquier forma de publicidad.
  • Los desconocidos.
  • La televisión en abierto.
  • La televisión de pago.
  • Los calcetines blancos con raquetas.
  • La ampliación de capital con cargo a reservas, el nuevo plan general contable y la cuenta 411 (Acreedores, efectos comerciales a pagar).
  • Pedro almodóvar.
  • Los 40 principales.
  • La cerveza sin alcohol.
  • El vino de mesa.
  • Los ciclomotores y motocicletas de cilindrada inferior a 250 cc.
  • Todos los marsupiales menos los canguros.
  • Los reptiles, los arácnidos y los anélidos.
  • El gobierno de Birmania.
  • Las fronteras de todos y de nadie como Gaza o Cachemira.
  • El mes de abril.
  • Las pasarelas.
  • Las gafas de sol con brillantes.
  • El Reggaeton, la bachata y el pasodoble.
  • Los L-Casey inmunitas.
  • Las películas Mary Poppins, Titanic, Saw (de la 1 a la 23), You got served, Alerta máxima, Crepúsculo, Este muerto está muy vivo, Vaya Santa Claus, La cosa, El sueño de Cassandra…; así como las sagas de Aterriza como puedas, de Loca academia de policía, American pie, la historia interminable… (Listas sin acabar)
  • Camela.
  • La purpurina.
  • Los domingos.
  • Hegel, Fichte y Schelling porque enfadan a Schopenhauer.
  • Schopenhauer porque enfada a Nietzsche.
  • El Windows Vista.
  • Los bombones de licor.
  • Los polvorones de limón.
  • El anís.
  • Los dromedarios.
  • La b o la v.
  • Los chuchillos que no cortan.
  • Los vasos de plástico.
  • Las canciones de cumpleaños, especialmente la que empieza con “porque es un chico excelente”.
  • La gente que levanta la voz para terminar una frase cuando tú ya has empezado a hablar.
  • La gente que empieza a hablar cuando todavía estás terminando una frase y te hace levantar la voz.
  • El bizcocho de las tartas de cumpleaños que quitan espacio al concepto de “más chocolate” o de “más nata”.
  • Los vodkas con nombres rusos fabricados en polígonos industriales españoles.
  • El confeti.
  • La gente que camina despacio por la acera cuando tienes prisa.
  • La gente que tiene prisa cuando paseas.
  • Las máquinas expendedoras que se quedan el dinero y dejan el producto suspendido a 30 centímetros de tu cara.
  • Toda actividad laboral o académica antes de las 12 del mediodía.
  • Las baldosas distintas del resto que parchan las aceras.
  • El alicatado psicodélico de las cocinas de los 70, en especial el de la de “cuéntame cómo pasó”.
  • El peinado de tita Cervera.
  • El arte contemporáneo sin excepción.
  • Toda la literatura universal desde la muerte de Hermann Hesse.
  • Las gorras de capitán.
  • Las riñoneras.
  • Los zapatos náuticos.
  • Aquellas señoras mayores que creen que son inmortales.
  • El patinete.
  • El feminismo, el machismo, el nacionalismo, el comunismo, el anarquismo, el socialismo y todo lo demás que termine en –ismo, menos “mismo”, “seísmo” y “nudismo”.
  • La ablación de clítoris, la lapidación y “Aló presidente”.
  • 7 capítulos del Ulysses de James Joyce. Los que sea.
  • Los emo y sus derivados (dar prioridad a los niños Emo que cantan rap en televisión).
  • Las películas antiguas coloreadas.
  • Las zonas de fumadores.
  • Los fumadores.
  • Los e-mails en cadena.
  • Las listas dadaístas.
  • Las mesas plegables, los camping-gas y demás utensilios domingueros.
  • El si bemol.
  • El aire acondicionado.
  • Los libros de autoayuda.
  • Los taladros.
  • Los travestidos que no parecen travestidos.
  • Las menores que no parecen menores.
  • El idioma holandés.
  • Ikea y Leroy Merlin.

No obstante, propongo el fomento de:

  • El uso de la palabra menester.
  • La enseñanza en castellano.
  • Acomodadores en las playas y en los botellones.
  • El uso de los culotte.
  • El avistamiento de ovnis.
  • El uso de la plancha de pelo.
  • Llamar al contrato de duración determinada  “contrato y santas pascuas”.
  • Que el himno español sea el famoso soliloquio de Segismundo en la “Vida es sueño”. Sin música. En caso de que se exija música, que sea la sintonía de bricomanía.

Esto es todo por el momento. Haré una secuela más adelante para ir completando el bienestar de este colectivo al cual sólo pertenezco yo. En caso de que alguien no esté de acuerdo, que se ponga en contacto conmigo a través del correo electrónico moflytienesueñomoflyestadormido@brubru.fr para decirme qué cosas no deben figurar en la lista y por qué debería permitir que sigan existiendo. Como la dirección de correo es descaradamente falsa y yo acabo de sucumbir a un brote democrático que asola mi ciudad, dejaré que el vulgo exprese su opinión con comentarios en este tratado.

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Si hay resentimiento y tensión alrededor, no hay Dolce Vita. Por muy limpio y perfumado que vayas, si estás rodeado de estiércol, todo olerá a mierda y se te quedará cara de Bill Murray. Por esta razón, no sólo no se ha de contribuir sino que es menester corregirlo con compromiso y decisión.

Una práctica habitual en la España de todos los tiempos y a todos los niveles sociales, propuesta incluso ante el COI como deporte olímpico –rechazada por la seria ventaja que este país ostenta sobre el resto del Globo-, es la del “marujeo”. Etimológicamente, el “marujeo”, proviene del hipocorístico de María “Maruja”. Es evidente la generalización pero, ¿Cuál es el perfil común de ésta, nuestra Maruja, y por qué se dedica con tanto ahínco a esta actividad no lucrativa? ¡Si es no lucrativa! ¿Estamos ante uno de esos escasos casos de “amor al arte”?

En los fragmentos temporales que van desde la telenovela de las 7 de la mañana de las cadenas autonómicas al corrillo de sabios del “Programa de Ana Rosa”, del “Programa de Ana Rosa” al “Aquí hay tomate”, del “Aquí hay tomate” a la telenovela de Antena 3, de la telenovela de Antena 3 a “El Buscador”, de “El Buscador” a “Está pasando”, de “Está pasando” a “Hospital Central” y de “Hospital Central” a la telenovela de las 7 de la mañana de las cadenas autonómicas (pausa para respirar), la vida insulsa e insatisfactoria de Maruja la lleva a inmiscuirse en la vida de su prójimo. Maruja hace un repaso diario de la vida de todos los seres humanos que conoce y que, como requisito inviolable, no están presentes. Este repaso diario se hace en la respetable institución “El Banco de Marujas” y ahí se reúne el comité de sabios para abordar los temas de más rabiosa actualidad que hierven dentro de cada una de las de las interlocutoras.

El orden del día sigue una estructura flexible pero siempre de mayor a menor grado de “escándalo”. En el caso de que la información tratada no produzca el impacto esperado en el resto del comité, se aplicará la recurrente figura retórica “hipérbole” o exageración y giro de cabeza a modo de negación con respiración irregular. Si el feedback o retroalimentación de los sabios asistentes sigue sin ser la deseada, se recurrirá a la creatividad, esto es, hipótesis infundadas.

Las hipótesis infundadas han de enunciarse comenzando por “me han dicho…”, “me da que…”, “pero sé de buena tinta…” o “yo no quiero decir nada pero…” intercalando otras expresiones como “pero a mí no me engañan…”, “tu hazme caso que yo de esto sé…”, “¡aaay! Sabré yo…”; sin embargo, para dotar de una mayor credibilidad a la hipótesis, se tiende a prescindir de todas estas herramientas y no usar ninguna. No vayan a pensar que te lo has inventado (¡¡¡!!!).

La coordinación del banco será del tipo “empowerment”, el mayor grado de libertad y autogestión que puede delegarse en un equipo. Sin líder aparente irán aportando cada vez los temas menos impactantes hasta llegar a lo que se conoce como “enfriar la banca” y, posteriormente, a los suspiros y frases inacabadas inconexas (Ejemplo: -Ay… -Pues sí… -Ya… – Qué cosas… –Pues nada.). Llegados a este punto, se levantan las actas de reunión y se diluye el comité hasta después del “programa de Ana Rosa” (por ejemplo). Para entonces la información ya habrá sido difundida por sus numerosos canales de comunicación (teléfono, cuñada, nuera, patio de luces…) y habrán recogido e “intuido” la información necesaria para la próxima reunión.

Aspectos positivos de la actividad.

Los miembros del comité, mediante la terapia del desahogo, se vacían de resentimiento por la vida desmotivante con la que cargan y acuden a sus labores ordinarias de mejor mal humor. La rabia se canaliza hacia otros sectores de población y sus allegados más directos no encontrarán, por el momento, cianuro entre las especias de su despensa.

Aspectos negativos de la actividad.

La existencia de estas operaciones de tráfico fraudulento de información “tratada” es la responsable de que una mañana te levantes y absolutamente nadie te salude en ninguno de los lugares que frecuentes habitualmente (vecindario, trabajo, universidad…). Y termines preguntándote a cuento de qué te ves esquivando las miradas de odio de los que antes te sonreían. Finalizando el día, la paranoia te consume y buscas desesperadamente una mirada de complicidad. ¡La encuentras! Te consuelas con un cariñoso “¿lo ves, tonto? sólo eran imaginaciones tuyas”. Al día siguiente la misma mirada que ayer fue de complicidad ahora es de odio. Y es que los canales de comunicación todavía presentan imperfecciones, la información no fluye en la misma velocidad hacia todas las direcciones, pero llegar, llega.

Así se convierte el dicho de “Los trapos sucios se lavan en casa” en “los trapos limpios se ensucian en el banco y se lavan en el psicólogo”.

Causas de la necesidad del asociacionismo de banco.

Tras diversos estudios que me acabo de inventar, se destacan, entre otros tantos, los siguientes motivos:

  • Frustración: “Todos son mejores que yo. Mi única salvación es hundirlos”.
  • Aceptación Social: “He de tener una opinión sobre todo lo que me rodea para que me acepten en el grupo. De mi información se valorará el impacto más que la veracidad. Mi misión en la vida a partir de ahora será revolucionar el gallinero”.
  • Conveniencia: “Si soy una de ellas, no hablarán de mí”
  • Desviación de atención: “Si mantengo sucios los trapos de los demás, no tendré que limpiar los míos”.

Como dijo Goethe: “Estoy convencido de que la negligencia y la discusión producen en este mundo más daños y trastornos que la mala voluntad.” Por lo tanto no podemos concluir que esto venga motivado por el odio o la mala voluntad pero convengamos en que toca en demasía las pelotas de los que no intentamos destacar o llegar a la altura del resto por el método de “hundir el mundo”.

Para un mundo mejor y facilitarnos el camino hacia la ansiada Dolce Vita, propongo introducir una innovación inédita en nuestro país: Defender a quien se critique por la espalda o poner en duda pública la información injuriosa que se nos aporta.

Pero luchar por un mundo mejor no es tarea sencilla. Hablar bien de un repudiado aleatorio es apagar el fuego de la hoguera de la inquisición, exponiéndote al rechazo social y a ser el nuevo blanco del comité (con amigos como estos, ¿quién necesita enemigos?). En el mejor de los casos te mirarán lastimosos como niños en un parque a los que les acabas de quitar la pelota.

Para este nuevo movimiento revolucionario es necesario dejar de creernos en el derecho de poder juzgar la vida de los que no hacen daño a nadie con sus decisiones; tener claro que a quien critica a la espalda no le interesa arreglar la vida de nadie, sólo destruye. El que tiene la intención de ayudar, va al sujeto en cuestión con discreción y le da un consejo (que acepte su mierda de consejo es otra cosa).

Mi propuesta alternativa es que hablar deje de ser gratis. Pero para promover medidas absurdas en las que paguen justos por supuestos pecadores ya está la SGAE.

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