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De las acampadas al Sol

En lo que se refiere a las restricciones que sólo afectan a determinadas clases sociales, la situación se nos muestra claramente y no ha sido nunca un secreto para nadie. Es de suponer que estas clases postergadas envidiarán a las favorecidas sus privilegios y harán todo lo posible por libertarse del incremento especial de privación que sobre ellas pesa. Donde no lo consigan, surgirá en la civilización correspondiente un descontento duradero que podrá conducir a peligrosas rebeliones. Pero cuando una civilización no ha logrado evitar que la satisfacción de un cierto número de sus partícipes tenga como premisa la opresión de otros, de la mayoría quizá -y así sucede en todas las civilizaciones actuales-, es comprensible que los oprimidos desarrollen una intensa hostilidad contra la civilización que ellos mismos sostienen con su trabajo, pero de cuyos bienes no participan sino muy poco. En este caso no puede esperarse por parte de los oprimidos una asimilación de las prohibiciones culturales, pues, por el contrario, se negarán a reconocerlas, tenderán a destruir la civilización misma y eventualmente a suprimir sus premisas. La hostilidad de estas clases sociales contra la civilización es tan patente, que ha monopolizado la atención de los observadores, impidiéndoles ver la que latentemente abrigan también las otras capas sociales más favorecidas. No hace falta decir que una cultura que deja insatisfecho a un número tan considerable de sus partícipes y los incita a la rebelión no puede durar mucho tiempo, ni tampoco lo merece.

(Sigmund Freud. El porvenir de una ilusión, 1927)

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– Muy mal, Sergio, muy mal -dijo Karenina levantándose-. Si no te interesan las cosas que son más importantes para los buenos cristianos, ¿qué te puede interesar? Estoy muy disgustado contigo, y tus profesores también… No tengo más remedio que volver a castigarte.

Sergio, efectivamente, era muy desaplicado. Pero nadie podía decir que fuese torpe. Por el contrario, era más inteligente que muchos de los niños que los profesores le citaban como modelos. Su padre creía que su retraso en aprender se debía a su empeño en llevar la contraria a sus preceptores; pero la verdad era que no aprendía porque necesitaba un método diferente de enseñanza. Lo que exigían de él era contrario a su naturaleza, y ésta era la razón de que considerase como enemigos a los profesores.

Aún era un niño de nueve años, pero sabía muy bien cómo era su alma y la defendía contra todos aquellos que pretendían penetrar en ella sin la llave del amor. Sus educadores decían que no quería estudiar, e ignoraban que su mayor deseo era aprender. Aprendía con el mayordomo, con la niñera, con Nadinka, con Vasili Lukitch; pero no quería aprender con los profesores.

(Leo Tolstoi. Anna Karénina, 1877)

Mi parte de trabajo I

Que el Mundo es un paraíso y que, con gran esfuerzo, hemos conseguido convertirlo en un infierno no es ya un punto de vista original. Que la vida debería maravillarnos, que la curiosidad debería hacer que nos levantásemos de la cama de un salto para estudiarla y adorarla, que deberíamos estar agradecidos por cada día de vida que se nos concede y un sinfín de axiomas no demostrables pero incuestionables han sido manoseados de tal modo que parece que han perdido el sentido. Por eso tal vez no debería ni recordarlos porque ya no tiene efecto alguno sobre el lector.

Acaso, como a todo lo que sea susceptible de algún valor, también a los axiomas existenciales les salió un propietario y, al morirse éste, también los dimos por muertos como si de él formasen parte. Desde que se mató a Dios –suceso que debía ocurrir naturalmente- se ha pasado de la buena voluntad por fervor religioso al absoluto nihilismo. Asociábamos los valores necesarios para vivir en armonía a la existencia de un Dios. El motivo por el cual teníamos que elegir la virtud en lugar del vicio era que un psicópata invisible todopoderoso nos vigilaba constantemente y si lo enfadábamos sería capaz de llevarnos al eterno sufrimiento. Parece que ahora que no hay psicópata, ya no hay motivo por el cual elegir la virtud. Una religión no es más que una herramienta burocrática para comunicar el comportamiento que ha decidido el gobierno que se ha de llevar. No cuestiono la buena voluntad del déspota que configuró tal trama para crear el hábito de la virtud, pero sí el camino: el camino fácil: los cimientos inseguros de Dios: la técnica del padre que manipula a su hijo con la figura de Papá Noel para conseguir no tener que dar constantes explicaciones sobre por qué debe comportarse de un modo y no de otro. Tal vez no haya sido siempre así, confío en que todo comenzase de un modo digno y finalmente llegasen, como siempre, los profanos a apropiarse y aprovecharse del efecto que tiene un pastor sobre el rebaño.

Hoy al rebaño nihilista se le gobierna con variables macroeconómicas y otros fantasmas, pero sobre todo con una intensa y maquiavélica labor de distracción.

Hasta aquí, lo que todos sabemos y hasta donde yo puedo llegar sin aportar datos. Propongo el siguiente documental, del que no puedo asegurar todas las afirmaciones que hace, pero con el que estoy firmemente de acuerdo en todas las preguntas que plantea. La mente se cierra con las respuestas y se abre con las preguntas, así que abramos la mente y no nos creamos ninguna respuesta, ni siquiera las de este documental, pero créanse todas las preguntas porque son totalmente ciertas.

Zeitgeist, por Peter Joseph

De la reorientación

Después de esta ausencia injustificable de casi un año, vuelvo a retomar este blog desconcertante. Pensé más de una vez en escribir, pero no para tratar ideas coherentes con la temática inicial, así que escrupulosamente abandoné una tras otra hasta llegar al vergonzante día de hoy. Como ya me conozco, anuncié en el primer post que esto seguramente degeneraría en algo totalmente diferente: pues así fue.

Podría calificar este tiempo de silencio como una pérdida de la armonía, y, de hecho, lo voy a hacer: califico este tiempo de silencio como una pérdida de la armonía. Sé que no es justificable, pero algunos necesitamos incluso morirnos para darnos cuenta de que no somos inmortales.

Me di cuenta de que la trivialidad no tenía ya cabida en mi tiempo ni en el del lector. Que sería egoísta fomentar el entretenimiento en detrimento del enriquecimiento (léase rápido y repítase las veces que se desee (léase rápido y…)). Porque el entretenimiento no es más que despreciar la vida. Como si el Mundo no mereciese un entusiasmo constante en grado sumo. Como si necesitásemos que pasase el tiempo hasta que llegase algo que se nos prometió. Como si buscásemos “desaburrirnos” mientras tanto. The horror. El lector sabrá ignorar al payaso que me acompaña, es lo único que me queda. Pero, en serio: The horror. Ojalá consiga comunicarlo debidamente.

La causa fue, esencialmente, que me creció el compromiso. No sabría ubicar exactamente en qué parte de mi cuerpo  creció, pero desde entonces no encuentro placer en el hedonismo y mucho menos en predicarlo. La comida ya no sabe como antes. La brisa, que antes me traía satisfacción, ahora me trae desasosiego. Llamadme Hamlet por tanto paroxismo, pero me siento responsable. Responsable, como miembro del Sistema, de toda la infelicidad del Sistema, de todos los asesinatos del Sistema, de todos los encarcelamientos del Sistema, de toda la esclavitud del Sistema, de toda la pobreza del Sistema, […] de la mala educación, de la falta de respeto, de la desinformación […], de permitir que la tierra tenga un propietario, de la publicidad, de la superficialidad, de las discotecas, de los escotes, de la mala música, de las golosinas, […] de las prohibiciones, de la pasividad, del individualismo… Responsable por ignorarlo, por permitirlo y por alimentarlo. Responsable por no tener manera de frenarlo.

La solución no es desentenderse de un Sistema enfermo en cuanto puedas, porque no todos pueden y eso es, precisamente, uno de los síntomas de contagio del Sistema: la idea de parasitar en él hasta lograr la autonomía suficiente como para poder abandonarlo. Confieso que es necesario apartarse con frecuencia y mantenerlo a distancia para que no te convenza, pero hay que volver.

Tal vez haya sido la Globalización la que, al fulminar las fronteras, hizo que asumiese como propios los problemas que estaban del otro lado. Otros, incluso con fronteras, asumieron sus mercados, sus recursos naturales, su gobierno y su mano de obra barata. Hoy nos quejamos de la inmigración que nosotros mismos hemos creado. Acaso algún problema al que ahora haga frente la humanidad no lo ha creado ella misma, pero yo no lo conozco.

Tal vez, con nuestra Justicia, no se pueda acusar a un individuo de lo que su Sistema hace,  pero no por eso deja de ser responsable y culpable. Tal vez no pueda denunciarse ante nadie, porque todo el Sistema es culpable. Tal vez no haya siquiera con quién disculparse, porque todo el Sistema es culpable.

Aunque me encuentro en su mismo estado deplorable a causa de la culpabilidad, no tomaré las soluciones de Raskolnikov o Emma Bovary. Simplemente, haré mi parte del trabajo.

LV

Asnografía

“Leo en un Diccionario: Asnografía: s. f., se dice, irónicamente, por descripción del asno.

¡Pobre asno! ¡Tan bueno, tan noble, tan agudo como eres! Irónicamente… ¿Por qué? ¿Ni una descripción seria mereces, tú, cuya descripción cierta sería un cuento de primavera? ¡Si al hombre que es bueno debieran decirle asno! ¡Si al asno que es malo debieran decirle hombre! Irónicamente… De ti, tan intelectual, amigo del viejo y del niño, del arroyo y de la mariposa, del sol y del perro, de la flor y de la luna, paciente y reflexivo, melancólico y amable, Marco Aurelio de los prados…

Platero, que sin duda comprende, me mira fijamente con sus ojazos lucientes, de una blanda dureza, en los que el sol brilla, pequeñito y chispeante en un breve y convexo firmamento verdinegro. ¡Ay! ¡Si su peluda cabezota idílica supiera que yo le hago justicia, que yo soy mejor que esos hombres que escriben Diccionarios, casi tan bueno como él!

Y he puesto al margen del libro: Asnografía: s. f., se debe decir, con ironía, ¡claro está!, por descripción del hombre imbécil que escribe Diccionarios.”

Juan Ramón Jiménez: Platero y yo, 1917

La lista

Justo cuando ya estaba todo listo o casi listo. Ultimaba los pequeños detalles que siempre entretienen a cualquier hacedor -sobre todo a cualquier hacedor tan acosado por las dudas-: hacer correctamente el nudo de la soga, buscar la silla perfecta, probar la sujeción del falso techo… La nevera, ya vacía para que no se echara nada a perder; el diferencial, bajado -menuda factura si no-; las cartas de despedida -que más parecían una hoja de reclamaciones-, ya perfumadas; etecé. Pero fue ahí, en ese preciso momento, cuando, subido a esa silla de mimbre grapado, tuve la revelación. Lo inexorable se tornó eludible. ¿Por qué tenía que ser yo el que se fuera? ¡Si todavía no había cumplido la misión para la que había sido enviado! ¡No me había acostado con Mónica Bellucci! ¡Que desaparezcan ellos! Exijo, pues, adaptar el Mundo. Homologarlo. Hacerlo mínimamente ergonómico a mí. Y es que existen conceptos, colectivos, animales, vegetales, bivalvos y objetos materiales que hacen insostenible mi permanencia en la Tierra. Entonces he decidido hacer una lista con aquéllos que deben desaparecer como condición innegociable para que me quede:

  • Los despertadores
  • Dan Brown
  • La Cosmopolitan
  • Sexo en Nueva York
  • La palabras “gonorrea”, “ovolactovegetariano”, “regurgitar”, “almogrote”, “otorrino”, “endocrino”, “uretra”, “escrutinio” y “diurético”. Así como la expresión “a priori” y sus atroces degeneraciones como “a anteriori”.  Se sobreentiende ya que deben desaparecer también las palabras estúpidas como “piscolabis”, “culete”, “pompis” o “pedigrí”, así que no me detendré en esto.
  • Las interjecciones “¡eh!”, “¿eh?”, “¿eing?”, “¡buah!” y “pff”
  • El aceite de girasol.
  • Los sacerdotes.
  • Los claxon, las sirenas y las campanas.
  • El himno de la Universidad de Vigo.
  • Las chirlas.
  • Las palomas.
  • Las berenjenas.
  • Todos los insectos menos las mariquitas, las mariposas de colores, las abejas y el ciervo volante.
  • El denominado “rap gangsta”, que ni es rap ni es gangsta y aleja a todo el hip hop del concepto de arte.
  • Los pantalones de pitillo.
  • Los pantalones pirata.
  • La astrología.
  • Las toreritas.
  • Las merceditas/bailarinas.
  • Los tangas.
  • La ropa interior color “visón”.
  • Los desconocidos que te piden la hora/tabaco/dinero por la calle.
  • Los desconocidos que reparten publicidad por la calle.
  • Cualquier forma de publicidad.
  • Los desconocidos.
  • La televisión en abierto.
  • La televisión de pago.
  • Los calcetines blancos con raquetas.
  • La ampliación de capital con cargo a reservas, el nuevo plan general contable y la cuenta 411 (Acreedores, efectos comerciales a pagar).
  • Pedro almodóvar.
  • Los 40 principales.
  • La cerveza sin alcohol.
  • El vino de mesa.
  • Los ciclomotores y motocicletas de cilindrada inferior a 250 cc.
  • Todos los marsupiales menos los canguros.
  • Los reptiles, los arácnidos y los anélidos.
  • El gobierno de Birmania.
  • Las fronteras de todos y de nadie como Gaza o Cachemira.
  • El mes de abril.
  • Las pasarelas.
  • Las gafas de sol con brillantes.
  • El Reggaeton, la bachata y el pasodoble.
  • Los L-Casey inmunitas.
  • Las películas Mary Poppins, Titanic, Saw (de la 1 a la 23), You got served, Alerta máxima, Crepúsculo, Este muerto está muy vivo, Vaya Santa Claus, La cosa, El sueño de Cassandra…; así como las sagas de Aterriza como puedas, de Loca academia de policía, American pie, la historia interminable… (Listas sin acabar)
  • Camela.
  • La purpurina.
  • Los domingos.
  • Hegel, Fichte y Schelling porque enfadan a Schopenhauer.
  • Schopenhauer porque enfada a Nietzsche.
  • El Windows Vista.
  • Los bombones de licor.
  • Los polvorones de limón.
  • El anís.
  • Los dromedarios.
  • La b o la v.
  • Los chuchillos que no cortan.
  • Los vasos de plástico.
  • Las canciones de cumpleaños, especialmente la que empieza con “porque es un chico excelente”.
  • La gente que levanta la voz para terminar una frase cuando tú ya has empezado a hablar.
  • La gente que empieza a hablar cuando todavía estás terminando una frase y te hace levantar la voz.
  • El bizcocho de las tartas de cumpleaños que quitan espacio al concepto de “más chocolate” o de “más nata”.
  • Los vodkas con nombres rusos fabricados en polígonos industriales españoles.
  • El confeti.
  • La gente que camina despacio por la acera cuando tienes prisa.
  • La gente que tiene prisa cuando paseas.
  • Las máquinas expendedoras que se quedan el dinero y dejan el producto suspendido a 30 centímetros de tu cara.
  • Toda actividad laboral o académica antes de las 12 del mediodía.
  • Las baldosas distintas del resto que parchan las aceras.
  • El alicatado psicodélico de las cocinas de los 70, en especial el de la de “cuéntame cómo pasó”.
  • El peinado de tita Cervera.
  • El arte contemporáneo sin excepción.
  • Toda la literatura universal desde la muerte de Hermann Hesse.
  • Las gorras de capitán.
  • Las riñoneras.
  • Los zapatos náuticos.
  • Aquellas señoras mayores que creen que son inmortales.
  • El patinete.
  • El feminismo, el machismo, el nacionalismo, el comunismo, el anarquismo, el socialismo y todo lo demás que termine en –ismo, menos “mismo”, “seísmo” y “nudismo”.
  • La ablación de clítoris, la lapidación y “Aló presidente”.
  • 7 capítulos del Ulysses de James Joyce. Los que sea.
  • Los emo y sus derivados (dar prioridad a los niños Emo que cantan rap en televisión).
  • Las películas antiguas coloreadas.
  • Las zonas de fumadores.
  • Los fumadores.
  • Los e-mails en cadena.
  • Las listas dadaístas.
  • Las mesas plegables, los camping-gas y demás utensilios domingueros.
  • El si bemol.
  • El aire acondicionado.
  • Los libros de autoayuda.
  • Los taladros.
  • Los travestidos que no parecen travestidos.
  • Las menores que no parecen menores.
  • El idioma holandés.
  • Ikea y Leroy Merlin.

No obstante, propongo el fomento de:

  • El uso de la palabra menester.
  • La enseñanza en castellano.
  • Acomodadores en las playas y en los botellones.
  • El uso de los culotte.
  • El avistamiento de ovnis.
  • El uso de la plancha de pelo.
  • Llamar al contrato de duración determinada  “contrato y santas pascuas”.
  • Que el himno español sea el famoso soliloquio de Segismundo en la “Vida es sueño”. Sin música. En caso de que se exija música, que sea la sintonía de bricomanía.

Esto es todo por el momento. Haré una secuela más adelante para ir completando el bienestar de este colectivo al cual sólo pertenezco yo. En caso de que alguien no esté de acuerdo, que se ponga en contacto conmigo a través del correo electrónico moflytienesueñomoflyestadormido@brubru.fr para decirme qué cosas no deben figurar en la lista y por qué debería permitir que sigan existiendo. Como la dirección de correo es descaradamente falsa y yo acabo de sucumbir a un brote democrático que asola mi ciudad, dejaré que el vulgo exprese su opinión con comentarios en este tratado.

En un arrebato trascendental puede uno tratar de buscar el albergue donde reposan las causas últimas de todas las cosas. Seguro que invirtiendo un cuasi-eterno diagrama de flujo podría llegarse una única causa última, a la cúspide de la pirámide de las causas, al primer registro del árbol genealógico de las causas. Viajando paralelamente por las finitas cadenas de causa-efecto del universo, desde que el lector lee esta palabra hasta sabe-Dios-cuántos millones de años atrás, seguro, llegaríamos a un mismo punto de encuentro común. El origen de todo. Desde la última patada en los huevos que nos dieron hasta el famoso evento con nombre de superhéroe americano de Marvel: el Big Bang. ¿Puede el Big Bang ser la causa última de una patada en los huevos? ¿Puede ser el causante de este dolor? Entonces, hace sabe-Dios-cuántos millones de años, el Big Bang activó un mecanismo a través del cual, golpe a golpe, a modo de péndulo de Newton, llegó hasta los huevos de este autor. No se quiere confundir al lector, esa causa última debe responder a un fin último que, espero, nada tenga que ver con los susodichos huevos. Pero, ¿cuál era la intención del Big Bang? ¿Adónde pretende llegar? Y, al igual que a cualquier víctima de la expropiación forzosa de su vivienda para construir una autopista, nos preguntamos: ¿era necesario que pasara por ahí (entiéndase: los huevos del autor)? Tras un soliloquio de preguntas retóricas cabe buscar, como cualquier otro individuo frustrado, al responsable de todo esto. Como culpar a una explosión de explosionar sería tan absurdo como culpar a un cuchillo de acuchillar, sospeché que algo debía estar detrás de la explosión. Ese algo podría ser la Nada (?).

¿Qué llevó a la Nada a querer rellenarse de algo? ¿No le dio pereza? En cualquier caso, en días como hoy, el Big Bang parece una mala idea.

Siguiendo el procedimiento habitual de la policía de Nueva York, ¿no se le podrían también atribuir todos los crímenes grotescos de los últimos millones de años? ¿Es la responsable de la fugaz tendencia al alza de los precios de la comida de soltero? Me imagino a la Nada, empujando un carrito de Mercadona, escandalizada porque el kilo de spaghetti Hacendado ha subido de 77 a 99 céntimos. La Nada. ¿La Nada será soltera? Con sus ventajas y con sus inconvenientes: nada de sexo pero nada de discusiones, nada de suegras, nada de crees-que-estoy-gorda?, nada de te-parece-guapa-mi-amiga-Marta-?, nada de de-verdad-que-no-crees-que-estoy-gorda?, nada de preguntas trampa escondidas dentro de preguntas trampa. Pero nada de sexo. Pero nada de sufrir las ideas de un engendro moldeado por la Cosmopolitan y Sexo en Nueva York; qué astuta la Nada.

Concluimos, pues, la cosmogonía como un diseño último universal inacabado cuyo único responsable, para bien y para mal, es la Nada y cuyo fin es un misterio. Entiendo, por ende, que la culpa de que hoy faltaran 17,23 euros de la caja fue, y lo manifiesto sin rubor, de la Nada y nada tuvo que ver conmigo. Se lo transmitiré a mis superiores; diré que la Nada pasó por la caja como pudo haber pasado por sus huevos e hizo desaparecer 17,23 euros. Ya lo dice aquel refrán que me acabo de inventar: más vale Nada en la caja que Nada en el escroto.

Así queda fundada la excusa universal que librará a todo hombre de cualquier responsabilidad para con su entorno próximo y remoto. Disfrútenla, pues es un bien preciado, y que nadie les haga sentirse responsables de nada que para eso está la Nada.

Finalizando el presente recital y fuera de programa, el autor interpretará la siguiente cuestión dedicada al Cubo de Rubik, que sacará muy pronto su nueva maqueta: ¿Sabrá nadar la nada? Y si no nada nada, ¿se quedará anonadada en el mar?